La cumbiamba global

La cumbiamba global

A instancias de una invitación cursada a mi nombre por parte de Rafael Bassi, coordinador de otro panel sobre la cumbia realizado en la Universidad del Norte durante el año pasado, tuve la oportunidad de sentarme en la mesa junto a reconocidos investigadores como Kent Biswell, Mariano Candela, Edgar Rey Sinning y Orlando Montenegro, lo cual me hizo pensar que allí actuaría como representante de los intelectuales de bordillo, de los músicos folclóricos que nos colgamos del cuello un tambor durante cuatro horas en los desfiles del Carnaval, y en general de quienes luchamos desde todas las orillas por hacer visibles las nuevas propuestas de pensar nuestras culturas tradicionales. Como allí se me indicó que debería seleccionar un tema de una lista, escogí «La cumbia internacional», pero como inevitablemente éste tema toca tangencialmente a otros que había en la lista propuesta, se me ocurrió darle el nombre de «La Cumbiamba Global» a mi ponencia. Hoy, en vista que este tema cobra cada día una mayor vigencia, quiero compartirla con ustedes.

Para comenzar a modo de introducción propongo plantear algunas preguntas que tienen que ver con la problemática de la difusión y comercialización de la cumbia y su conveniente significación como recurso cultural aprovechable.

¿Cuantos autores y compositores tradicionales reconocidos o no, escriben y graban nuevas cumbias?

¿Si algún autor o compositor escribe una excelente cumbia, que casa productora la publicará?

¿Quién que no tenga una fiesta de Carnaval, sea coreógrafo, coleccionista, o colegial con una tarea entra a un almacén de música y compra un CD de cumbia tradicional?

¿Qué emisora FM colombiana promueve cumbias en su programación habitual de cada día?

¿Qué evolución en su técnica de construcción y en los materiales, han tenido los instrumentos musicales de la cumbia?

¿Se comercializa a escala nacional la gaita afinada cromáticamente, la cual fue ideada, creada, proyectada y construida industrialmente en Barranquilla por Arlington Pardo?

¿Qué academia de música usa un manual editado especialmente para enseñar a tocar cumbias en la flauta dulce, el piano, o la guitarra?

¿Has escuchado las cumbias del grupo Curupira, Marca Registrada, CostaBanda, o Mokana Bantú?
¿Qué pasó con la producción discográfica de Juventino Ojito y su Orquesta Son Mokana, ganadora de varios Congos de Oro a la tradición… en el Carnaval de Barranquilla?

¿Qué colombiano que haya escuchado como suena la cumbia que producen en Ecuador, Perú, Argentina y Méjico, la reconocería como cumbia colombiana?

¿Conoces la suma total en pesos por regalías de las cumbias tradicionales compuestas por Efraín Mejía… y en ese mismo sentido, cuanto ganó el compositor Martín Madera sólo por su tema «Déjame entrar», ganador de un premio Grammy a mejor canción.

¿En el mismo sentido: ¿Sabes a cuanto asciende el contrato que firmó el cantante del grupo mejicano Kumbia Kids con una disquera global?

Preguntas como las anteriores, con tantas respuestas cómo soluciones, denotan el amplio y comprometido panorama que acerca del tema tenemos en nuestra región.

En Barranquilla por ejemplo (Que si bien no es cuna de la cumbia, la acuna), es, donde después de mil y tantas discusiones de bordillo, foros, ponencias y conversatorios sobre la cumbia y todas sus regresiones y evoluciones, pensadores y actores de la cumbia, plantean una cuestión trascendental: O se mantiene luchando como manifestación folclórica simplemente, frente a tendencias foráneas como la samba y las propuestas afro-champetúas en los desfiles del Carnaval de Barranquilla y las fiestas novembrinas de Cartagena; se resigna a eventos exclusivos para coleccionistas de música; pasa a mejor vida embutida en importantes ensayos clasificados en los anaqueles de universidades y museos de historia; o mejor, se transforma adoptando formas contemporáneas resignificadas desarrolladas a través de procesos de excelencia pensados desde nuestra tradición, para quedarse como cumbia soberana, hasta el fin de la posteridad. Y si acaso los caminos planteados anteriormente puedan ser una serie de rutas controvertibles, también es posible que en conclusión el único camino sea: Evolucionar o desaparecer.

Esta ponencia propone separarnos de las ataduras de la tradición, y frente a algunos temas expone un panorama desencantado, por cuanto que la cumbia cada vez más, está relegada del diario acontecer, y cada vez más, está reservada para adornar profusamente los escenarios y anaqueles de la historia.

Sin lugar a dudas, esta reflexión puede ser impugnada alegando que la cumbia está cada vez más difundida, y que hay muchos más niños y jóvenes tocando cumbias con cañas de millo, gaitas y tambores. Sin embargo no es demasiado atrevido proponer que el florecimiento sin fundamento de la cumbia, limitándose a repetir el repertorio tradicional, puede saturarnos, si es que ya no lo está haciendo, y lo que es peor, que estemos asistiendo a un «Canto de cisne», como sucede con los procesos culturales que no están respaldados por un amplio sistema de significados.

Si de una manera escéptica se puede desdeñar tal posibilidad argumentando que la cumbia tradicional nunca morirá porque su influencia es muy GRAAANDE en nuestra cultura, entonces, haciendo una transposición hacia la historia natural, sugerimos recordar cómo explica la prehistoria las causas de la desaparición de los GRAAAANDES dinosaurios. No hay escape. Evolucionar o desaparecer. Ésa es la cuestión.

Tomando la tradición, no como un lazo que aprieta, sino como un hilo conductor, Jesús Martín Barbero en su ensayo «Políticas culturales de nación en tiempos de globalización» cita al antropólogo español Eduardo Delgado quién apunta en esta misma dirección escribiendo: «Sin raíces no se puede vivir, pero muchas raíces impiden caminar».

Dando una mirada sobre algunas teorías sobre el sentido y origen de la cumbia podemos encontrar que algunas han llegado a extremos tales como proponer que la razón por la cual al bailarla el hombre arrastra un pié, se debe tal vez a que los esclavos arrastraban pesadas bolas de hierro sujetas por cadenas a sus grilletes. Tamaño despropósito sirve sólo para plantear una de las principales razones de que la cumbia no se desarrolle suficientemente en el ámbito de la producción industrial de la música, y la cual no es otra que, hay un amplio sector de la cultura de la cumbia que asume la tradición como una pesada bola de hierro sujeta con grilletes a su mente y que les impide moverse hacia la libertad creativa, llegando a condenar cualquier propuesta que no esté alineada con los elementos de la tradición. Una tradición que dicen amar por encima de todas las cosas, negándose a aceptar, por ejemplo, propuestas de evolución en la técnica de la construcción de instrumentos musicales de cumbia, como ajustar los cueros de los tambores con pernos de precisión para incorporarlos a los conceptos de afinación, predicando sin más razones que la nostalgia, que mantener las cuerdas sujetando el cuero, y golpear con un martillo los aros y cuñas del tambor para afinarlo, mantendrá los lazos que nos unen fielmente a la tradición musical de la cumbia.

El problema mayor que suscita nuestra mentalidad sujeta a una tradición dictada por cánones que ya no significan nada para el hombre actual y los que están creciendo en la siguiente generación, es que la industria del entretenimiento, conformada por casas disqueras, canales de videos musicales y promotores de eventos, no perciben a la cumbia como un filón comercial, y escudados en que el público no le apuesta a éste género después que pasa el Carnaval o las fiestas de cada región, y que los autores y compositores, no escriben cumbias, y éstos que no, puesto que estas no se venden… y así, montados en un carrusel nos mantenemos, mientras que otros géneros espurios y foráneos hacen de las suyas en nuestro mercado. ¿Quiénes pierden? Nosotros. Todos. Porque renunciamos a hacer de nuestro propio ritmo, nuestra bandera y una gran fuente de riqueza cultural y material.

Por otra parte, la gran difusión de la enseñanza musical de la Cumbia en centros culturales no formales, su promoción en actividades extracurriculares en colegios y universidades, su arraigo al interior de la institucionalidad del Carnaval y otros espacios de proyección como Festivales de Gaita y pitos «atravesaos», ha desarrollado en nuestra región Caribe un gran semillero de intérpretes de cumbia que evidencian gran maestría en su ejecución, pero hay que anotar como éstos en cualquier ensayo privado, y aún en público, entre cumbia y cumbia tocan champeta, samba o toques con claves afrocubanas, lo cual mirado sin justificarlo invocando nuestro espíritu Caribe, pone a pensar que su feeling busca sonoridades afines con las tendencias musicales imperantes, que alimenten positivamente la imagen que tienen de sí mismos. Para completar el panorama, éstos músicos de cumbia, por lo general se limitan a aprender y repetir los mismos temas y frases musicales que heredan de la tradición, problemática agravada por la escasa cantidad de autores que se interesan en nuevas propuestas líricas relacionadas con el género de la cumbia; con las debidas excepciones, claro está. Solo hay que hacer un somero balance sobre la oferta actual del cancionero de cumbias, para detectar un déficit con relación a la época de oro de los gaiteros de San Jacinto y La Cumbia Soledeña.

Los festivales de gaitas y de pito «atravesao» son espacios que se han consolidado como formidables escenarios de proyección y que han permitido desahogar el ímpetu de los músicos folclóricos. Concebidos para dictar y calificar los patrones de ejecución de la cumbia, se han convertido en difusores de la tradición, pero al mismo tiempo sin proponérselo han actuado en el sentido de la dilución de ésta, por cuanto muchos de los elementos urbanos que sus tarimas convocan terminan influyendo más en los integrantes de los grupos rurales locales, quienes siendo los tenedores naturales de la tradición, finalmente incorporan, aparte de los modos urbanos y refinados de interpretación musical de los grupos foráneos, los cambios de forma y fondo que las propuestas artísticas de éstos terminan imponiendo, como en el caso de la conformación de los llamados grupos «Ventú» (Ven tú, Ven tú, y Ven tú) los cuales se componen de brillantes ejecutantes de música folclórica radicados en la urbe, conformados sólo por el propósito de impactar al jurado con su limpia ejecución y ganarse los premios en efectivo que ofrecen estos festivales, imponiendo de esta manera en pleno corazón de la tradición, sus modos urbanos de interpretación y ejecución musical como norma para la excelencia. Éste ejemplo podría ilustrar cómo la tradición se hace permeable a lo nuevo, y que es posible que contrario a los propósitos con que fueron concebidos, los festivales estén renovando los formatos rurales, construyendo con elementos globales la tradición del futuro.

Para continuar ilustrando el caso, situados en Barranquilla necesariamente tendríamos que analizar la cumbia desde la orilla del Carnaval, o bien, si damos una mirada general sobre nuestra costa Caribe, tendríamos que recoger una expresión mayoritaria: Sí, somos cumbiamberos, y que nadie se atreva a decir lo contrario, pero pasado el Carnaval, el Reinado, o desmontada la tarima del Festival, cuando en el Caribe compramos discos o pagamos boletas de conciertos, ya no somos cumbiamberos, somos salseros, merengueros, champeteros, roqueros, jazzistas, baladistas, y compradores compulsivos del nuevo pop latino que como una nueva «Salsa» reúne en uno sólo todos los géneros de América.

Del mismo modo los cumbiamberos después de ensayar sin descanso durante todo enero y febrero y desfilar bajo el sol en los carnavales al ritmo de la cumbia, como cierre de temporada organizan animadas fiestas, donde el sonar de la cumbia se celebra con alborozo, pero si suena más de una, alguien se acerca al discjockey para pedirle la música bailable del momento. Sin embargo La cumbia, nuestro ritmo fundamental sigue despertando las más encendidas y floridas discusiones sobre si el vestido con que se baila la cumbia debe ser de cuadritos, y con varios boleros, si debe ser rápida, o lenta, si su coreografía debe ser circular o lineal, o bien, qué tan lejos está una determinada propuesta de coincidir con la imagen de la cumbia de los orígenes, y quizá en lo que más se ponen de acuerdo los defensores de lo tradicional, es fijando el patrón de juzgamiento para aplicar a cualquier propuesta innovadora: Que no es otro qué, en su contenido lírico y musical la cumbia debe tener una buena dosis de «olor a ñeja de vaca».

Los músicos y pensadores que por estos tiempos se encuentran proponiendo un proceso de evolución de la cumbia en cuanto a la lírica y a lo musical, están de acuerdo en que hay que trasponer las barreras del mencionado olor que ponderan aquellos pensadores de la cultura para quienes el campo seguramente todavía guarda un referente idílico de armonía y paz, y que se resisten a dejar que arreglos contemporáneos los alejen de la imagen de su solar nativo.

Si bien esto es natural y comprensible, por otro lado en cambio, hay muchos otros quienes por cuestiones geográficas y culturales desconocen el «olor del campo», y no nos referimos sólo a la gente del Caribe, porque aquí es donde se forma la «Cumbiamba Global»: cuando en cualquier parte del mundo se siente una masiva excitación sensorial al escuchar una pieza contemporánea de cumbia tocada en los formatos más innovadores y cantada con las letras más inesperadas… «Ya volvió, volvió La Caderona, volvió y llenó de cumbia todo mi interior. Caderonaaaa». El mercado local y global que mueve la industria fonográfica sobradamente ha dado muestras, que tiene sus sentidos preparados para recibir desde Colombia un nuevo y auténtico formato cumbiambero que le haga sentir el viento fresco de nuestra cultura Caribe.

Desde otra orilla, El Estado que maneja las competencias de la cultura, desconoce políticas acordes con la realidad cultural de nuestro entorno, masificando sin control la enseñanza de la música folclórica, desarrollando una mera iniciación superficial a nuestra música, que hace crecer exponencialmente la muestra representativa de músicos folclóricos, y que al no sustentar procesos de excelencia que complementen su iniciativa, terminan masificando la mediocridad, y lo que es más lamentable, no pasan de mostrar altas cifras en sus indicadores, usando estos numerosos grupos de jóvenes músicos folclóricos para amenizar cuanto evento cultural se presente y demostrar con volumen lo que debería expresarse en calidad y permanencia.

Muy a pesar, que muchos de nuestros artistas emergentes todavía no se asumen como parte del nuevo folclor, y tampoco consideran éste como una cantera válida de donde explotar su identidad y su éxito comercial, Cabas ha dado un ejemplo vivo de lo que puede lograr un concepto contemporáneo unido a elementos fundamentales de la tradición. Al respecto ha dicho recientemente: «Soy un mensajero del folclor, no un folclorista, ni una persona que intenta hacer folclor» Sus canciones y videos musicales denotan claramente como la identidad se cultiva desde adentro y que nuestra música folclórica revestida de modernidad vende copias y gana Grammies. La propuesta de Cabas es una propuesta fresca donde el soporte es lo folclórico y lo demás es adicional. Un camino que en nuestro entorno cercano ya han tomado artistas en ascenso como el grupo bogotano Curupira, o el grupo cartagenero Wayové quienes proponen como bandera de la renovación de nuestro folclor un movimiento llamado «Nova Caribe».

Si nosotros en el Caribe tenemos aquí en nuestro patio la «mata» de la cumbia, es seguro que dejando fluir libremente nuestra creatividad y estimulando la proyección de nuevas propuestas de cumbia, al unir la tradición a la academia y contar con procesos culturales debidamente apoyados por el estado y la industria de la música, podrá re-crearse un excelente y trascendente complejo musical de Cumbia, para que entonces se vuelva realidad el pregón del tema «Amaneciendo», aquella hermosa cumbia de Adolfo Echeverría…

¡Cumbia para el mundo entero!


Declaremos para la cumbia una libertad creativa sujeta, en la medida justa, a la tradición, en comunión con nuestra propia identidad y de acuerdo con nuestra realidad actual, para hacer de la cumbia un género poderoso, convocante, significante, productivo y edificante. Tomemos el ejemplo del flamenco, el tango y el son cubano, y otras músicas que han evolucionado desde sus mismas culturas de origen, y penetrado en otras culturas en su versión original, sin deformarse, convirtiéndose además en banderas culturales, y en jugosas divisas de exportación.

Tal vez por no haber evolucionado desde nuestro patio, La Cumbia en Méjico, Perú, Ecuador y Argentina, involucrada hacia sus culturas ha sido transformada por las mismas, de tal modo que a nosotros en el Caribe ésa Cumbia, nos produce a menudo la misma contradicción que tendría un Senegalés si le dicen, que es música africana lo que suena en Colombia con el nombre de Champeta criolla. Sin embargo la Cumbia, que aquí en Colombia, su tierra nativa se reserva sólo para una época de año, en éstos países se ha difundido tanto que al superar en aceptación a ritmos locales, algunos sectores ya expresan su rechazo, seguramente debido a que sienten la fuerte penetración que ejerce la cumbia sobre la propia cultura nacional.


De lo anterior, para la muestra un botón: Éste comentario que fue extraído de un foro virtual en Internet sobre la cumbia en la Argentina, escrito en Buenos Aires por «Andrés» a las 19:55 el día 06 de Julio de 2002. [http://www.worcel.com/blip/archivos/000038.php]

¡Cumbia. Cumbia! (Cum-cha-cha cum-cha-cha) Es una plaga y se extiende por toda América latina. En Buenos Aires, no se puede entrar en un boliche, en un taxi, en un bar nocturno, sin ser taladrado psicológicamente por el ritmo implacable de la cumbia. ¡Ni en el colectivo se está a salvo! (Cum-cha-cha cum-cha-cha) Es una música pachanguera, pegajosa, de carácter latino y raíces indígenas. ODIO PROFUNDAMENTE LA CUMBIA. Se trata de un odio visceral, sincero y completo, sin rencor.

(Cum-cha-cha cum-cha-cha) estoy convencido de que más de un asesinato en serie fue provocado por un par de horas seguidas de ese ritmo infernal retumbando en los oídos de una persona que antes era totalmente normal. (Cum-cha-cha cum-cha-cha) y además, en los boliches/ discotecas y fiestas varias, la cumbia es la excusa perfecta para que broten espontáneamente unos personajes infames, esos tipos horribles que se ponen a hacerse el canchero/ chulo bailando con todas las chicas, haciendo patéticos pasos de baile y meneando el culo. Me ofende a la vista, y lo peor es que las argentinas bailan la cumbia como diosas (Todas, creo) y eso se vuelve tremendamente frustrante… (Cum-cha-cha cum-cha-cha… Cum-cha-cha cum-cha-cha…)

En el mismo sentido otro ejemplo es la respuesta en ése mismo foro formulada por un apasionado defensor de la cumbia argentina, que deja entrever algunos rasgos de conducta que de todos modos componen su entorno.

«Hey loco al que no le guste la cumbia que se rescate loco, la cumbia se la lleva en la sangre, los conchetos escuchan boludeces y en una fiesta están todos re aburridos escuchando punchis y si alguien se manda una buena cumbiamba entran todos a bailar, no importa de que clase social sean, todos bailan… y los giles que la denigran y marginan son los mismos que saltan todo el día y se gastan $25 pesos en una pastilla de mierda que los hace flashear, esos, si esos giles se hacen los bananas porque tienen mas billetes que los de la Villa… por mi que se maten o se rescaten porque si no los voy a matar yo».

Para concluir todo este rollo jugando con la Teoría de la Relatividad, en el improbable caso que Albert Einstein, el gran físico matemático, regresando desde su pasado-presente, hubiese sido confrontado con ésta problemática de la evolución de la cumbia, tal vez hubiese respondido:

¿Por qué tanto alboroto? La Cumbia, como la materia, no se destruye. Se transforma.